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Alicia cae en la madriguera de Burton

Alicia en el país de las maravillasDistinta a quienes le rodean, desubicada en un mundo encorsetado, una freak al fin y al cabo. Así es la Alicia en el país de las maravillas que Tim Burton ha tomado prestada del cuento de Lewis Carroll para convertirla en uno más de sus personajes cargados de una personalidad propia que no es otra que la del director de Burbank. Esta Alicia se parece a Eduardo Manostijeras, a Willy Wonka, a la novia cadáver… Se parece a ellos porque es distinta y vive/viaja en un mundo diferente donde lo extraño es lo más común.

Como le ocurre a su protagonista (Mia Wasikowska), la última aventura cinematográfica de Tim Burton crece y se empequeñece con excesiva frecuencia. Con puntas de auténtica genialidad –léase las apariciones en escena del Sombrerero Loco (Johnny Depp)-, Burton ha cogido la historia publicada por Carroll en 1895 para adaptarla a su propio universo. Así, el paseo que Alicia realiza a través de lo que en un primer encuentro dió en llamar el País de las Maravillas se convierte en un viaje por un universo burtoniano que se reconoce a cada paso.

El sombrerero locoUna reja que se parece a las vistas en Pesadilla antes de Navidad. Un jardín similar al de Eduardo Manostijeras. Colores como los de Charlie y la fábrica de chocolate. El árbol de Sleepy Hollow. Todo y nada se parece. Aunque la fuerza narrativa de Burton tiene su centro gravitatorio en el impacto visual, el de Alicia no es un mundo del todo asombroso. Quizá sea porque ha perdido su capacidad de innovar. O, simplemente, porque su mundo ya no resulta tan ajeno a un espectador que, como la Alicia que cae por segunda vez por la madriguera, caminará de la mano de Burton por un universo conocido a pies juntillas. Aunque, cierto es, que siempre se queda algún secreto por descubrir.

Fuerza visual y una historia inventada a partir de unos personajes pertenecientes a la cultura general. Esos son los dos principales valores de la Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton. Un película cuidada –lástima que se rodase en 2D y luego se haya hecho una chapuza para poder proyectarla en 3D-, mimada, pero falta de originalidad. No en la historia (después de todo Burton se toma la licencia cinematográfica de una segunda caída a la madriguera que nunca existió), sino en su plasmación. Quizá porque los cabezones con pies pequeños y los monstruos de Burton ya no son tan novedosos como lo eran antes, o porque él responsable –ya lo demostró en su remake de El planeta de los simios- no es un buen director de acción. Pero, aún así, sabiendo los defectos del Burton director, hay que reconocerle su labor como cuentacuentos. Al fin y al cabo, es lo que siempre hace.

La reina de corazonesAsí, esta Alicia en el país de las maravillas convierte a la protagonista real en un hilo conductor por un catálogo de extraños personajes caracterizados a la perfección sobre los que destaca el Sombrerero Loco. De hecho, en más de una ocasión llega a dar la sensación de que él es el verdadero protagonista de la historia. Los otros dos vértices del tablero de ajedrez en el que el director convierte su película son las dos reinas. Por un lado la dulce, pura y perfecta Reina Blanca (Anne Hathaway). Al otro lado, la cabezona, desproporcionada y ruidosa Reina de Corazones (Helena Bonham Carter).

Al final, el de Burbank ha conseguido lo que se esperaba de él, tomar prestado un clásico de la literatura mundial y adaptarlo a su particular versión del mundo. Lograrlo lo ha logrado, aunque la sensación final es que ha vuelto a tropezar con la misma piedra de casi siempre: una espectacularidad visual astronómica para una historia escasa de contenido. (M. J. Arias)


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