El veterano director Jim Sheridan (En el nombre del padre) se parapeta tras la cámara para llevar al cine un drama humano protagonizado por tres de los ya no tan jóvenes valores del actual Hollywood. Natalie Portman, Tobey Maguire y Jake Gyllenhaal componen el potente casting de Brothers, un melodrama en el que guión y actores son incapaces de resolver una trama plagada de agujeros tanto narrativos como interpretativos.
Tobey Maguire interpreta al capitán Sam Cahill, el típico hijo modélico de marine, orgullo de los suyos y, por extensión, de todos los estadounidenses. La joven y guapa Grace (Natalie Portman) es la sufrida y amante esposa del soldado y la madre de dos niñas pequeñas que mantiene a flote la casa cuando el cabeza de familia tiene que volver a Afganistán. Allí, en el campo de batalla, el helicóptero de Sam cae abatido y él es dado por muerto. Aquí, en la casa de los Cahill, el hermano díscolo y ladrón de Sam, Tommy (Jake Gyllenhaal), toma las riendas y ocupa el puesto dejado por su hermano.
Sin embargo, el marine Cahill no sólo no murió en Afganistán, sino que logra sobrevivir a un largo y duro secuestro y vuelve a casa, donde le espera un verdadero calvario. El Sam que regresa a los Estados Unidos poco o nada tiene que ver con el joven idealista que se marchó. Machacado física y psicológicamente por la experiencia vivida, no sólo es incapaz de superar el trauma afgano, sino que se obsesiona con la idea de que su hermano Tommy ha ocupado su lugar en más ámbitos de los que todos parecen querer reconocer.
Con una historia así entre manos, el resultado podría haber sido una película que explorase el lado oscuro del ser humano y los límites de la tolerancia en situaciones extremas. Como un hombre entrenado para matar y sobrevivir en las condiciones más inhumanas lo consigue pero paga por ello un elevado precio moral y psicológico. Dos hermanos distintos que inician cada uno el camino inverso al emprendido por el otro. Sam, con una vida y una familia perfectas, se hunde en la miseria más absoluta, mientras que Tommy camina hacia la salvación de su persona. Brothers podría haber sido eso, pero algo falla.
Una capa de trivialidad cubre la película tapando así cualquier poso de credibilidad, emotividad o empatía que pudiera nacer en el espectador. Y el principal problema no es la historia en sí o su final inacabado, sino precisamente su gran apuesta, el casting. Natalie Portman se pasa la mitad de la película con un rostro de sufrimiento que no transmite prácticamente emoción alguna.
Pero, sin duda, el peor parado en todos los sentidos es Tobey Maguire, quien en ningún momento resulta creíble en su papel de personaje torturado. Su cara de sempiterno adolescente atolondrado lo delata en las escenas de mayor carga dramática convirtiendo éstas en una salida de tono de proporciones descomunales. Así, el clímax de la película, cuando Sam Cahill pierde por completo la cabeza, parece una pantomima.
El único a la altura de las circunstancias y que podía salvarse de la quema –quizá porque su papel es más contenido y fácil de interpretar- es Jake Gyllenhaal. Sin grandes alardes es quien menos desentona de los tres en una historia en la que nada encaja, ni siquiera las fechas. ¿Cómo es posible que Sam nazca en 1987, muera en 2008 y tenga una niña de 10 años? Biológicamente puede que sea posible, pero en pantalla cosas así restan credibilidad a la historia. Con sus rostros aniñados, Maguire y Portman más parecen los hermanos mayores de las niñas protagonistas que sus padres. Si el empeño porque estos actores fuesen los elegidos era tal, podrían haber adecuado la historia a ellos. Eso, o haber recurrido a algún truco cinematográfico para modificar su edad. En El curioso caso de Benjamín Button hubieran encontrado un buen catálogo de saber hacer en este sentido. (M. J. Arias)
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