Podría haber sido un Alatriste disfrazado de escritor. Podría haber sido una especie de Águila Roja. Sin embargo, Lope no es ni lo primero ni lo segundo, sino todo lo contrario. Se trata de una película muy digna, apoyada con acierto sobre un Alberto Ammann metido de lleno en la piel de un poeta genial dominado por sus pasiones -tanto amorosas como literarias- y un producto de entretenimiento cinematográfico tan válido como cualquier otro. Y todo eso pese a ser de época, un género que no se le da bien al cine español.
Probablemente (otra cosa sería una auténtica sorpresa), la película dirigida por Andrucha Waddington no pase a los anales de la historia del cine, pero lo cierto es que se trata de un trabajo solvente echando la vista atrás y teniendo en cuenta los antecedentes que en esto de las películas de época hay en España. Aunque no marcará un antes y un después, Lope ha servido para dejar, al menos, tres cosas muy claras en el panorama del cine patrio.
La primera es que Alberto Ammann es un actor con una larga proyección y una carrera que ha arrancado de manera inmejorable (en cine, claro, porque la televisiva No soy tú fue un auténtico patinazo). Él solo carga con el peso de una historia con serios altibajos y a la que le cuesta mucho arrancar. Cierto es que se trata de la biografía de un escritor, pero, aún así, se le podía haber sacado un poco más de punta aunque sólo fuese explotando el genio y figura que fue e barraco Félix Lope de Vega y Carpio allá por los siglos XVI y XVII.
La segunda cosa no ha sido otra que corroborar que Leonor Watling –a la que poco se le puede reprochar en su insípido papel más que su edad- ya no encaja en papeles de dulce e inocente jovencita. Su cara delata que los 20 ya no los cumple. No es su culpa, sino de quien hizo el casting. Y, por último, que Pilar López de Ayala está pasadísima en su actuación. El papel de Juana la loca ya lo hizo y no era necesario repetir como amante exacerbada también aquí.
Un triángulo amoroso, el de la película, y que ayuda a conocer un poco más a uno de los grandes de la literatura española, aunque sea a través del cine. Quizás, después de ver Lope, alguien se sienta tentado a dejarse llevar por sus versos y obras. Eso que habrá ganado la literatura, que decía André Bazin.
Actuaciones, notables o no, a un lado, Lope acaba siendo una película lenta en su comienzo, que gana ritmo pasado el ecuador y en la que el montaje deja bastante que desear. Hay escenas en las que parece que al montador se le fue la mano con la tijera dejándose algo en el camino. No es que no se entienda la historia por ello, es que la transición de una escena a otra es tan brusca que algo chirría incluso para el espectador menos ducho en estos menesteres. Detalles, al fin y al cabo, que afean una película entretenida sin más, digna (como titula esta crítica) y que no sirve para otra cosa que para acrecentar un poco más la gloria del último Goya al actor revelación.
(M. J. Arias)
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